
Este hombre, de aspecto distinguido y correcto, fué uno de los mayores corruptores, corruptos y estafadores del siglo pasado. He aquí una de sus "hazañas" más conocida.
Tras haber cometido una habilidosa estafa a una conocida entidad bancaria, acepta de ésta un sustancioso soborno para que la noticia no llegue al conocimiento público y así evitar el desprestigio y la vergüenza que tal noticia podría proporcionar a dicha entidad.
En 1925, Víctor Lustig viaja a París y leyendo un periódico, averigua que la torre Eiffel está necesitada de una profunda reparación, cuyo elevadísimo coste hace pensar al Gobierno que podría resultar más barato demolerla que repararla, pues por entonces la torre, ya muy admirada, todavía no se había convertido en el símbolo que más tarde llegaría a ser.
Una luz se enciende en el cerebro de Víctor y mediante su amistad con un hábil falsificador de documentos oficiales, se "nombra" a sí mismo "Primer Secretario del Director General Adjunto del Ministerio de Correos y Telégrafos".
A continuación envía cinco rimbombantes cartas a otros tantos distribuidores de chatarra de hierro, personas muy adineradas, citándoles en la suite de un hotel para tratar de un posible trato con el gobierno, todo ello de una forma muy discreta por las razones que más tarde habria de explicarles. En dicha reunión les habla de que la torre Eiffel, construída en 1889, nunca había sido pensada como una estructura permanente y que la decisión de demolerla por su mal estado de conservación debe ser llevada momentáneamente en total secreto, por lo que los cinco industriales tienen que guardar absoluto silencio sobre aquella operación.
Días más tarde los industriales chatarreros presentan sus ofertas, pero Lustig no elige la puja más alta, sino la de un tal André Poisson, pues Víctor ha visto en él a su víctima más propiciatoria.
Le cita para comunicarle que ha sido el elegido y le desea su más sincera enhorabuena. Pero...,claro, él, un funcionario del Ministerio, es un hombre de escasos recursos, con una amplia familia a la que mantener y su sueldo apenas le alcanza...,etc, etc. Poisson enseguida se da cuenta de que está ante un soborno y acepta gustoso el tener que untar expléndidamente al funcionario, habida cuenta de la sustanciosa operación que le ha proporcionado.
Con el dinero en la mano, Lustig se marcha a Austria, donde vive lujosamente durante algún tiempo. Poisson, avergonzado, no hace denuncia alguna y da su dinero por perdido.
Pues bien, al cabo de algunos años Lustig regresa a París donde, citando a otros cinco adinerados industriales de la chatarra, vuelve a vender la torre Eiffel por segunda vez. Pero en esta ocasión no tiene tanta suerte y la noticia salta a la prensa. Acosado por la policía se ve obligado a abandonar Europa y regresar a los Estados Unidos.
Eso sí, jamás se le oyó decir que había sido sometido a una persecución ilegal por parte del Gobierno y la Justicia franceses.